La escultura es la figura de una bailarina que forma parte de los estudios que Degas realizaba para sus trabajos; “El dibujo es una forma de pensar, modelar es otra” decía. Originalmente, las realizaba en cera y luego algunas fueron vaciadas en bronce. Se presume que muchas veces las construía debido a que tenía problemas a la vista que no le permitían captar con precisión lo que podía ver en los ensayos o en el escenario. Esta escultura en particular es muy especial, ya que si bien la figura está hecha en bronce, el tutú y el lazo del pelo son de tela, generando un contraste material muy delicado y sugerente. Además, es la única escultura que Degas exhibió en vida.
En seguida me pareció muy interesante la relación que el ilustrador Jake Wyatt estableció entre un dibujo tan contemporáneo, proveniente de una cultura pop como es el animé y el manga, y una figura del arte clásico. De alguna forma, aún sin conocer la escultura de Degas, la ilustración tiene una contundencia que es dada por la referencia que contiene. He ahí la importancia de la biblioteca visual que podemos tener en nuestra cabeza (o en nuestro estante de libros). Conocer, mirar y entender otras imágenes nos ayuda a sumar capas de sentido a nuestras propias creaciones. Al ver la historia del arte, nos damos cuenta de que es algo que se ha hecho desde el inicio de la realización de imágenes, por ende, como ilustradores o creadores de gráfica, es una herramienta de la que disponemos para otorgar un sentido adicional a nuestras propias imágenes. Sumar capas de contenido solo hará nuestro trabajo más interesante y captará la atención de quien lo vea por más tiempo.
A su vez, conocer y saber de las imágenes del pasado nos permite desenmarañar la madeja y poder darnos cuenta que una imagen puede ser como un libro abierto, lleno de historias y significados por descubrir.
